En un momento de mi vida, trabajé en una empresa en la que el 90% de mis compañeros de trabajo eran hermanos separados. Recuerdo que uno de ellos me preguntaba que por qué yo era católico y me bombardeaba con argumentos que atacaban fuertemente a mi iglesia.
Creo firmemente que Dios pone en nuestro camino a personas para encender la chispa de nuestra fe.
Lejos de aceptar los argumentos con los que era bombardeado, comencé a leer textos que respondieran (primero a mí) las preguntas que me habían formulado y fue la oración, la palabra de Dios y la historia quienes me llevaron a tal respuesta.
Comenzaré citando el catecismo de la iglesia católica
La palabra católica significa universal en el sentido de según la totalidad o según la integridad.
#830 del catecismo de la iglesia Católica
por otra parte, dice también:
Es católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano.
#831 del catecismo de la iglesia Católica
Tomando en cuenta estas consideraciones, puedo deducir que:
- 1. La iglesia católica no cierra las puertas a ninguna persona ni pone condiciones a nadie para pertenecer a la misma.
- 2. Fue instituida por el mismo Jesucristo, a través de la sucesión apostólica desde el día de Pentecostés.
No puede alguien hacerse llamar Cristiano y no seguir el mandato de Jesús. Ahora bien, dentro de este mandato se encuentran, además de otras cosas, 7 sacramentos que Jesús nuestro Señor instituyó y estos se encuentran explícitamente en el Evangelio.
- Bautismo
- Reconciliación
- Comunión
- Confirmación
- Unción de los Enfermos
- Matrimonio
- Orden Sacerdotal
En este punto, es importante tomar en cuenta esa mencionada sucesión Apostólica, donde la obediencia de los Apóstoles al mandato de Jesús es fundamental. Así como Cristo obedeció al Padre para dar su vida en la cruz, a pesar del miedo, así nosotros también estamos llamados a obedecer todo lo que Jesús nos dice. Permítanme hacer énfasis en la palabra Obediencia, en atención a que la palabra de Dios, en ocasiones, puede no gustarnos porque nos parece que podría ir en contra de nuestros intereses. Sin embargo sigue siendo la palabra de Dios y dicha palabra es Jesús mismo (Jn 1, 1-14). Por lo tanto, hay que obedecerle.
Digo esto porque me ha tocado escuchar a mucha gente hablando de la palabra de Dios y la toma según su propio beneficio, como quien va por el pasillo de supermercado tomando lo que le gusta y lo que no, lo deja.
Así, en mis años dentro de la Iglesia Católica he podido ver como se enseña la Palabra en la plenitud que se necesita. Que consuela, que exhorta y que denuncia cuando lo amerita el corazón de quien la escucha.
Para no extenderme tanto en este artículo y porque considero de suma importancia tratar el tema sacramental con el detalle que se merece, reflexionaré en próximas publicaciones y por separado el tema de los sacramentos y la importancia cada uno.
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