Todos los seres humanos estamos llamados al amor porque venimos del Amor. Algunos llamados al amor universal y otros hemos sido llamados al amor conyugal.
Estos últimos somos mayoría, en el sentido de que la vida religiosa no está hecha para todo el mundo. Sin embargo, la santidad sí es un llamado general para los hijos de Dios indiferentemente su condición.
Nuestra vía de santificación son los sacramentos instituidos por Cristo. Y aquí quisiera detenerme por un momento para hablar de uno en particular.
MATRIMONIO: De los siete, es el único que fue bendecido por Cristo, pero no instituido por ÉL. El sacramento del matrimonio fue instituido por el PADRE desde "el principio", cuando Dios Padre decide darle al hombre "una ayuda adecuada" y crea a la mujer.
Los esposos tienen la misión de ser colaboradores en la obra creadora de Dios y de forjar ciudadanos bajo valores cristianos para el crecimiento de una mejor sociedad.
Dicho así, todo suena muy bien. Pero, ¿Qué está pasando actualmente con la institución matrimonial? ¿Por qué en estos tiempos las personas rechazan el matrimonio y lo ven como una "carcel", como algo que priva a cada quien de su autenticidad y autonomía?
No creo oportuno tratar un tema tan amplio en un solo post, así que se dividirá en varias entradas donde compartiré algunas impresiones que espero sean de utilidad para el lector.
miércoles, 29 de noviembre de 2017
Orgullosamente Casado
jueves, 23 de noviembre de 2017
Diario de un peregrino
Mi travesía hasta Santiago de Chile
Capítulos
A.M.D.G.
Es por eso que tantas veces nos resistimos a ella. Algunas por no querer salir de nuestra comodidad, otras por miedo o debilidad.
En un punto de mi vida, el Señor me pidió salir de mi tierra. De pensar más allá de mí para luchar por el bienestar de mi familia y fue allí cuando tomé, junto a mi esposa, la decisión de emigrar.
Hay quienes pensarán que esto es sencillo. Que es una salida fácil a los problemas. Al menos yo lo pensaba, hasta el día que, con un beso, me despedí de mi esposa y mi hija.
Hasta que abracé a mis padres con fuerza y con la esperanza de un nuevo abrazo.
Di la espalda ocultando inútilmente mis lágrimas y partí a la construcción de una nueva historia.
En el siguiente diario, guardé mis experiencias tanto prácticas como emocionales de esta travesía que me tocó enfrentar y aquí comparto con ustedes mi aventura.
martes, 28 de junio de 2016
Apnea
Hace algunas semanas sentí una fuerte curiosidad por la Lectio Divina o lectura orante de la Palabra, una práctica antiquísima en la Iglesia Católica. El Papa Benedicto XVI nos recomienda esta antigua práctica que literalmente quiere decir «lectura de Dios»: La lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la oración permite ese íntimo diálogo en el que, a través de la lectura, se escucha a Dios que habla, y a través de la oración, se le responde con una confiada apertura del corazón. Comencé a investigar sobre esta: sus frutos, su metodología, etc. El problema estuvo cuando comencé a practicarla. La interpretación del texto quedaba ahí en la escena plasmada en el Evangelio, como una historia bonita o trágica, según sea el caso. Seguí investigando y llegué al Dei Verbum (Concilio Vaticano II) y al Verbum Domini exortación escrita por Benedicto XVI, lo que vino a traer nuevas luces para la práctica de la Lectio Divina. Entonces vino a tomar un poco de forma la oración. Sin embargo, seguía faltando algo, pero en lugar de detenerme por desmotivación, lo puse en oración. También leí que es importante leer los comentarios sobre la Lectio emitidos por el magisterio de la Iglesia, puesto que no es bueno dar interpretaciones individuales fuera de la enseñanza que viene dada por la Tradición desde los Apóstoles. Seguía tomando forma. En otra ocasión, en una catequesis a la que asistí en el Camino Neocatecumenal, un sacerdote me dijo que si no lograba entender que la Sagrada Escritura daba un mensaje que tenía que ver directamente conmigo, nunca iba a entender ni una sola letra. Luego, un día me encontré con un amigo que hacía mucho no veía. En medio de la conversación recordé que me invitó hasta el cansancio a que fuese con él a practicar apnea y buceo. Le encantaban estos deportes sub-acuáticos. Esta idea se me quedó en la mente y ahí se dio la chispa. Es como el apnea. ¿Cómo puedo llegar al fondo sino es desde la superficie? y, si solo permanezco en la superficie, ¿Cómo puedo pretender ser testigo de la majestuosidad completa de las formaciones litorales? Partiendo de cuestionamientos superficiales sobre lo que propone el pasaje bíblico y luego haciendo preguntas más específicas, más personales, más profundas, estableciendo relación entre lo que se lee y las situaciones que se viven a diario, la palabra va tocando cada fibra de la propia vida. Preguntas concretas sobre situaciones concretas. Sin generalizar. En mi caso, en ocasiones hablaba de tribulaciones... Sí, pero ¿Cuales? ¿Estudios? ¿Cual materia?... ¿Trabajo? ¿En qué sentido?... ¿Un trámite pendiente? ¿Cual? Ahí, junto con todas las experiencias anteriores, todo comenzó a tener mucha más forma, y hoy por hoy, considero que la lectura orante de la Palabra es una de las formas más hermosas de oración. Es Cristo que me habla desde el Evangelio. Te habla a ti también. Conoce nuestras necesidades individuales, preocupaciones, miedos, alegrías y proyectos. Y nos consuela, nos alienta y nos orienta para que vivamos plenamente, depositando en Él nuestra entera confianza, puesto que siempre estará a nuestro lado. Y esto no es una idea. Es real porque Él lo dice. Ahora hermano, hermana, yo te invito a que experimentes esta forma de oración donde el Señor Jesús derrama toda su Misericordia, para ti y para mí.
PASOS DE LA LECTIO DIVINA
La lectura orante de la Palabra, más que una reflexión, es una experiencia de encuentro personal e íntimo con Dios, que te ama y sale a tu encuentro. Estos pasos te van llevando al mismo interior de la Palabra. 1. Invoca… al Espíritu Santo. Pídele que te ilumine y te abra a la comprensión de la Palabra y que te anime a la respuesta con tu vida. 2. Lee… muy despacio el texto bíblico. Vuelve a leerlo. Lee también algún comentario que te ayude a conocer mejor el sentido del texto. Dale tiempo al Señor y escucha el mensaje que Él quiere darte en esta Palabra. 3. Medita… qué te dice la Palabra que has leído lentamente. Una vez que hayas captado el sentido del texto, entonces puedes hacerte esta pregunta: qué me dice esta Palabra. 4. Ora… respóndele al Señor que te ha dado su mensaje en la Palabra meditada. Tu actitud sea la de la Virgen María: Hágase en mí según tu Palabra. 5. Contempla… quédate impresionado, fascinado, en silencio, en calma. Déjate animar por el ardor de la Palabra, como quien recibe el calor del sol. 6. Actúa…. Haciendo un compromiso que brote de este encuentro con el Señor. Es el salto a la vida. Animado e invadido por la Palabra, regresa a la vida con otra actitud.miércoles, 18 de mayo de 2016
Sobre el protestantismo
Sobre el protestantismo
Amigo católico. ¿Cuántas veces has oído de hermanos, tanto católicos como protestantes, que independientemente de la fe que profeses hablamos del mismo Dios?
¿Es esto cierto?
Es importante que, como Cristianos Católicos, nos tomemos en serio ese título que llevamos, puesto que con él viene el compromiso del apostolado y dar cumplimiento al mandato de Nuestro Señor Jesús de llevar la Buena Nueva hasta el confín del mundo.
Nuestra Santa Iglesia Católica nació el día de pentecostés cuando Cristo envió sobre los primeros discípulos al Espíritu Santo.
Lo demás, son divisiones que cercenan el Cuerpo Místico de Jesús formado por la Iglesia nacida hace dos mil años.
El Artículo que presento a continuación te proporcionará argumentos importantes para la defensa de Nuestra fe. Pero recuerda hacerlo según las palabras de San Pedro: "Dar respuesta a quien os pida razón de vuestra esperanza, pero con mansedumbre y respeto". Recuerden hermanos que no se trata de convencer sino de convertir.
Cortesía de ApologeticaCatolica.org
Que Dios les bendiga siempre
lunes, 22 de febrero de 2016
Visión de Fe
"Creo Señor, pero aumenta mi fe" (Mc 9, 24)
En una ocasión me pidieron hablar acerca de la fe a un grupo de jóvenes en la parroquia. Mi primer pensamiento fue que me enfrentaría a un tema sumamente extenso y delicado, sin embargo, acepte preparar algunas reflexiones con respecto al mismo.
Comencé a documentarme y gracias a Dios, pude encontrarme con textos realmente extraordinarios. El problema ahora radicaba en plantear mis apreciaciones de la manera más sencilla posible en función de que aquellos muchachos no terminaran por aburrirse y perderse del tema en los primeros 5 minutos de mi exposición.
Así pues, una tarde caminando por el centro de la ciudad, pasé frente a un santuario al cual acostumbro a entrar siempre que tengo la oportunidad y en ese momento la tenía, ergo, entré. Estaban rezando un rosario cuando fijé mi vista en una imagen de María que había en uno de los corredores del templo y en ese momento llegó a mi mente aquella mujer que fue la madre de Nuestro Señor.
Me fui a casa con cierta inquietud en la mente. Al llegar, encendí mi ordenador y busque imágenes de María. Entre tantas que aparecieron en la pantalla, se me antojó sumamente reveladora la imagen de La Piedad de Miguel Angel. Una madre sosteniendo el cuerpo de Jesús sobre sus piernas.
Entonces pensé: ¿Cuántas veces perdemos la fe por nimiedades? ¿Dónde radica nuestra fe? ¿Realmente la tenemos? Decimos cada domingo "Creo en Dios Padre"... ¿Creemos?. Me fijé en María. Una niña de aproximadamente 15 años a quien un ser extraño se le aparece diciendo que saldrá embarazada milagrosamente porque así Dios lo quiso y ella "CREYÓ"; le dice además que su hijo será ese Mesías que su pueblo por tantos años había esperado y ella "CREYÓ"; estuvo con El a pesar de no entender muchas cosas, puesto que para nadie es un secreto que el mensaje de Jesús era radical y en ocasiones opuesto a las tradiciones y creencias del pueblo de Israel, sin embargo, María le creía. Finalmente, Jesús, su hijo, el gran Mesías, es ejecutado de la manera más cruel y humillante posible para la época. Como el peor de los delincuentes. Lo recibe, al bajarlo de la cruz, golpeado, deforme, humillado, muerto. A su niño, el que amamantó, el que cuidó, el que amó con toda su alma. Y a pesar de esto, seguía creyendo.
Cuánta fe debió tener esta mujer como para no perderla frente a una situación de tal envergadura. Cuan distante esta fe de la nuestra. Cuánto ejemplo.
Mujer VALIENTE. Digna de admiración y respeto. Maestra.
Palabras más, palabras menos comuniqué a aquellos jóvenes, no con la intención de convencerlos de mis argumentos, sino tratando de dejar en ellos la misma reflexión que quisiera, amigo lector, amiga lectora, hagas tú.
Honestamente...¿Tienes fe?. En caso de que tu respuesta sea no, mira a la Madre de Nuestro Señor y aprende. Creo, sinceramente, que no hay mayor ejemplo.
Que Dios les bendiga siempre
viernes, 15 de mayo de 2015
Bautismo
Primer Sacramento
¿Cuantas veces hemos escuchado que hay que dejar que los niños estén grandes para que ellos elijan donde quieren ser bautizados?
Planteo este tema ya que me hizo mucho ruido una conversación que tuve con algunas personas acerca de por qué bautizar a los niños tan pequeños.
Abordamos esta conversación puesto que mi esposa y yo estábamos buscando fecha para bautizar a nuestra hija, entonces una de las personas en la estancia, una hermana protestante me dice: Es mejor que esperen a que ella esté grande y que decida en que iglesia quiere bautizarse.
Otra me dijo, busquen otros padrinos. Lo más importante en un bautismo son los padrinos.
Y la sala se llenó de argumentos cada uno más alejado que el otro de la doctrina católica. Así que al final decidimos hacernos oídos sordos a aquellas sugerencias y bautizamos a nuestra niña antes de cumplir su primer año de edad.
Sin embargo quisiera compartir algunas ideas con respecto al por qué bautizarlos a tan temprana edad.
En el Antiguo Testamento, la circuncisión representaba la alianza entre el hombre y Yahvé. Cf. Gn 17, 11. Y el libro del Levítico establece que la circuncisión del niño sea a los ocho días de nacido Cf. Lv 12,3. Así que por lógica simple, se concluye que la alianza entre el hombre y Yahvé se llevaba a cabo cuando se era recién nacido.
Esta circuncisión viene a ser sustituida por el bautismo tras el mandato de Jesús de bautizar en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo Cf. Mt 28, 19. Esto nos lo explica claramente Pablo en carta a los Colosenses: “en él también fuisteis circuncidados no con circuncisión quirúrgica, sino mediante el despojo del cuerpo carnal, por la circuncisión en Cristo” (Col 2,11)
En otro orden de ideas, según el diccionario de la Real Academia Española, vida es la fuerza o actividad esencial mediante la que obra el ser que la posee.
Jesucristo en el Evangelio según san Juan, por otra parte, nos dice que Él es el camino, la verdad y la vida. También nos dice en otro pasaje del Evangelio: “Yo soy la resurrección y la vida”.
Ahora bien, el diccionario dice que vida es fuerza esencial mediante la que obra el ser que la posee.
Por un lado san Pablo nos dice en los Hechos de los Apóstoles (Hch 17,28) “En Él vivimos, nos movemos y existimos”; nos movemos, quiere decir que obramos. Y en su carta a los Filipenses agrega: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Flp 4, 13). Cristo es por tanto, esa fuerza que nos mueve, que nos permite obrar. Él mismo nos lo dice hoy como se lo dijo a san Pablo en su momento: “Mi gracia te basta” (2Co 12, 9).
Esa gracia de Jesucristo nos llega por primera vez a través del bautismo. Es ahí donde realmente nuestro espíritu cobra verdadera vida en Cristo. Jesús nos lo explica claramente cuando nos dice: “En verdad, en verdad os digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu” (Jn 3, 5-6).
Así pues, Bautizar a los hijos pequeños es el mejor regalo que podemos ofrecerles como padres. Jesús mismo lo pide constante y explícitamente: “Dejad que los niños vengan a mí. No se lo impidáis” (Mt 19, 14). Es darles la dignidad de hijos de Dios a esas criaturas que antes del bautismo solo son carne.
¿Quién puede Bautizar?
Es el Sacerdote quien Bautiza. Sólo en caso de emergencia, por ejemplo, si un bebé está en peligro de muerte, cualquier persona (Bautizada) puede Bautizarlo, siempre que tenga la intención de hacer lo que la Iglesia hace. Para hacerlo debe repetir las palabras:Yo te bautizo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén (Mt 28,19)
Que Dios les bendiga siempre
martes, 21 de abril de 2015
¿Por qué ser Católico?
En un momento de mi vida, trabajé en una empresa en la que el 90% de mis compañeros de trabajo eran hermanos separados. Recuerdo que uno de ellos me preguntaba que por qué yo era católico y me bombardeaba con argumentos que atacaban fuertemente a mi iglesia.
Creo firmemente que Dios pone en nuestro camino a personas para encender la chispa de nuestra fe.
Lejos de aceptar los argumentos con los que era bombardeado, comencé a leer textos que respondieran (primero a mí) las preguntas que me habían formulado y fue la oración, la palabra de Dios y la historia quienes me llevaron a tal respuesta.
Comenzaré citando el catecismo de la iglesia católica
La palabra católica significa universal en el sentido de según la totalidad o según la integridad.
#830 del catecismo de la iglesia Católica
por otra parte, dice también:
Es católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano.
#831 del catecismo de la iglesia Católica
Tomando en cuenta estas consideraciones, puedo deducir que:
- 1. La iglesia católica no cierra las puertas a ninguna persona ni pone condiciones a nadie para pertenecer a la misma.
- 2. Fue instituida por el mismo Jesucristo, a través de la sucesión apostólica desde el día de Pentecostés.
No puede alguien hacerse llamar Cristiano y no seguir el mandato de Jesús. Ahora bien, dentro de este mandato se encuentran, además de otras cosas, 7 sacramentos que Jesús nuestro Señor instituyó y estos se encuentran explícitamente en el Evangelio.
- Bautismo
- Reconciliación
- Comunión
- Confirmación
- Unción de los Enfermos
- Matrimonio
- Orden Sacerdotal
En este punto, es importante tomar en cuenta esa mencionada sucesión Apostólica, donde la obediencia de los Apóstoles al mandato de Jesús es fundamental. Así como Cristo obedeció al Padre para dar su vida en la cruz, a pesar del miedo, así nosotros también estamos llamados a obedecer todo lo que Jesús nos dice. Permítanme hacer énfasis en la palabra Obediencia, en atención a que la palabra de Dios, en ocasiones, puede no gustarnos porque nos parece que podría ir en contra de nuestros intereses. Sin embargo sigue siendo la palabra de Dios y dicha palabra es Jesús mismo (Jn 1, 1-14). Por lo tanto, hay que obedecerle.
Digo esto porque me ha tocado escuchar a mucha gente hablando de la palabra de Dios y la toma según su propio beneficio, como quien va por el pasillo de supermercado tomando lo que le gusta y lo que no, lo deja.
Así, en mis años dentro de la Iglesia Católica he podido ver como se enseña la Palabra en la plenitud que se necesita. Que consuela, que exhorta y que denuncia cuando lo amerita el corazón de quien la escucha.
Para no extenderme tanto en este artículo y porque considero de suma importancia tratar el tema sacramental con el detalle que se merece, reflexionaré en próximas publicaciones y por separado el tema de los sacramentos y la importancia cada uno.
