Primer Sacramento
¿Cuantas veces hemos escuchado que hay que dejar que los niños estén grandes para que ellos elijan donde quieren ser bautizados?
Planteo este tema ya que me hizo mucho ruido una conversación que tuve con algunas personas acerca de por qué bautizar a los niños tan pequeños.
Abordamos esta conversación puesto que mi esposa y yo estábamos buscando fecha para bautizar a nuestra hija, entonces una de las personas en la estancia, una hermana protestante me dice: Es mejor que esperen a que ella esté grande y que decida en que iglesia quiere bautizarse.
Otra me dijo, busquen otros padrinos. Lo más importante en un bautismo son los padrinos.
Y la sala se llenó de argumentos cada uno más alejado que el otro de la doctrina católica. Así que al final decidimos hacernos oídos sordos a aquellas sugerencias y bautizamos a nuestra niña antes de cumplir su primer año de edad.
Sin embargo quisiera compartir algunas ideas con respecto al por qué bautizarlos a tan temprana edad.
En el Antiguo Testamento, la circuncisión representaba la alianza entre el hombre y Yahvé. Cf. Gn 17, 11. Y el libro del Levítico establece que la circuncisión del niño sea a los ocho días de nacido Cf. Lv 12,3. Así que por lógica simple, se concluye que la alianza entre el hombre y Yahvé se llevaba a cabo cuando se era recién nacido.
Esta circuncisión viene a ser sustituida por el bautismo tras el mandato de Jesús de bautizar en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo Cf. Mt 28, 19. Esto nos lo explica claramente Pablo en carta a los Colosenses: “en él también fuisteis circuncidados no con circuncisión quirúrgica, sino mediante el despojo del cuerpo carnal, por la circuncisión en Cristo” (Col 2,11)
En otro orden de ideas, según el diccionario de la Real Academia Española, vida es la fuerza o actividad esencial mediante la que obra el ser que la posee.
Jesucristo en el Evangelio según san Juan, por otra parte, nos dice que Él es el camino, la verdad y la vida. También nos dice en otro pasaje del Evangelio: “Yo soy la resurrección y la vida”.
Ahora bien, el diccionario dice que vida es fuerza esencial mediante la que obra el ser que la posee.
Por un lado san Pablo nos dice en los Hechos de los Apóstoles (Hch 17,28) “En Él vivimos, nos movemos y existimos”; nos movemos, quiere decir que obramos. Y en su carta a los Filipenses agrega: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Flp 4, 13). Cristo es por tanto, esa fuerza que nos mueve, que nos permite obrar. Él mismo nos lo dice hoy como se lo dijo a san Pablo en su momento: “Mi gracia te basta” (2Co 12, 9).
Esa gracia de Jesucristo nos llega por primera vez a través del bautismo. Es ahí donde realmente nuestro espíritu cobra verdadera vida en Cristo. Jesús nos lo explica claramente cuando nos dice: “En verdad, en verdad os digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu” (Jn 3, 5-6).
Así pues, Bautizar a los hijos pequeños es el mejor regalo que podemos ofrecerles como padres. Jesús mismo lo pide constante y explícitamente: “Dejad que los niños vengan a mí. No se lo impidáis” (Mt 19, 14). Es darles la dignidad de hijos de Dios a esas criaturas que antes del bautismo solo son carne.
¿Quién puede Bautizar?
Es el Sacerdote quien Bautiza. Sólo en caso de emergencia, por ejemplo, si un bebé está en peligro de muerte, cualquier persona (Bautizada) puede Bautizarlo, siempre que tenga la intención de hacer lo que la Iglesia hace. Para hacerlo debe repetir las palabras:Yo te bautizo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén (Mt 28,19)
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