lunes, 22 de febrero de 2016

Visión de Fe

"Creo Señor, pero aumenta mi fe" (Mc 9, 24)

En una ocasión me pidieron hablar acerca de la fe a un grupo de jóvenes en la parroquia. Mi primer pensamiento fue que me enfrentaría a un tema sumamente extenso y delicado, sin embargo, acepte preparar algunas reflexiones con respecto al mismo.
Comencé a documentarme y gracias a Dios, pude encontrarme con textos realmente extraordinarios. El problema ahora radicaba en plantear mis apreciaciones de la manera más sencilla posible en función de que aquellos muchachos no terminaran por aburrirse y perderse del tema en los primeros 5 minutos de mi exposición.
Así pues, una tarde caminando por el centro de la ciudad, pasé frente a un santuario al cual acostumbro a entrar siempre que tengo la oportunidad y en ese momento la tenía, ergo, entré. Estaban rezando un rosario cuando fijé mi vista en una imagen de María que había en uno de los corredores del templo y en ese momento llegó a mi mente aquella mujer que fue la madre de Nuestro Señor.
Me fui a casa con cierta inquietud en la mente. Al llegar, encendí mi ordenador y busque imágenes de María. Entre tantas que aparecieron en la pantalla, se me antojó sumamente reveladora la imagen de La Piedad de Miguel Angel. Una madre sosteniendo el cuerpo de Jesús sobre sus piernas.
Entonces pensé: ¿Cuántas veces perdemos la fe por nimiedades? ¿Dónde radica nuestra fe? ¿Realmente la tenemos? Decimos cada domingo "Creo en Dios Padre"... ¿Creemos?. Me fijé en María. Una niña de aproximadamente 15 años a quien un ser extraño se le aparece diciendo que saldrá embarazada milagrosamente porque así Dios lo quiso y ella "CREYÓ"; le dice además que su hijo será ese Mesías que su pueblo por tantos años había esperado y ella "CREYÓ"; estuvo con El a pesar de no entender muchas cosas, puesto que para nadie es un secreto que el mensaje de Jesús era radical y en ocasiones opuesto a las tradiciones y creencias del pueblo de Israel, sin embargo, María le creía. Finalmente, Jesús, su hijo, el gran Mesías, es ejecutado de la manera más cruel y humillante posible para la época. Como el peor de los delincuentes. Lo recibe, al bajarlo de la cruz, golpeado, deforme, humillado, muerto. A su niño, el que amamantó, el que cuidó, el que amó con toda su alma. Y a pesar de esto, seguía creyendo.
Cuánta fe debió tener esta mujer como para no perderla frente a una situación de tal envergadura. Cuan distante esta fe de la nuestra. Cuánto ejemplo.
Mujer VALIENTE. Digna de admiración y respeto. Maestra.
Palabras más, palabras menos comuniqué a aquellos jóvenes, no con la intención de convencerlos de mis argumentos, sino tratando de dejar en ellos la misma reflexión que quisiera, amigo lector, amiga lectora, hagas tú.
Honestamente...¿Tienes fe?. En caso de que tu respuesta sea no, mira a la Madre de Nuestro Señor y aprende. Creo, sinceramente, que no hay mayor ejemplo.

Que Dios les bendiga siempre